Vistiendo de fuego 

Gracias a que no somos
de cera o sería difícil 
permanecer unidos 
en alma y sentidos, 
de lo contrario no existiríamos. 

Menos mal que somos 
inflamables aunque 
invoquemos al fuego 
cuando nos acariciamos 
y, al mirarnos. 

Siendo como somos 
hacemos fuegos bravos
que bien consumirían 
bloques enteros por segundos
del más duro acero. 

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